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Foto: Trome.pe

El principal activo (en positivo) que deberían tener los políticos que aspiran a tener alguna representación electoral, es sin duda alguna, la confianza y credibilidad que esta se genera a través del acercamiento con sus electores.

Veamos. Si alguna vez un vecino que estamos conociéndolo viene a nuestra casa a pedirnos un poco de azúcar, estoy seguro que gentilmente atenderíamos tal necesidad. Quizás, todo lo contrario ocurriría si el que llama a nuestra puerta es alguien que no conocemos y que tampoco vive en nuestro barrio.

¿Cuál debería ser entonces nuestra reacción? Si luego te enteras a través de medios de comunicación que el vecino a quien atendiste gentilmente, no es tal como se presentó ante tu puerta (un tipo amable, emprendedor y con plata como cancha). Ahí se produce cierto tipo de desconfianza, y no falta razón, pues luego que confiaste en él e incluso estuviste apunto de invitar a pasar a tu sala a conocer a tus hijos, dista mucho de la persona que parecía ser. (En política, la percepción puede ser considerada como realidad)

Entonces, leo las declaraciones de Acuña, quien trata de victimizarse al aludir su condición de provinciano para suavizar las imputaciones de carencia intelectual (tesis doctoral), para alguien que se autodefinía a través de su publicidad que la “la educación es lo primero”. Sin duda, la consecuencia será su progresiva pérdida de confianza.

Con esa esquina, tratan de subestimar los sentimientos de la población. Demás esta las declaraciones de Anel Townsend; “El pueblo evalúa planes de gobierno y las universidades las tesis”. ¿Qué pretenden con esas declaraciones?

Domingo, 31 de Enero de 2016