Es un hecho que, si la economía va bien también le irá bien a la política. Sin embargo, si falla la política no es posible arreglar las cosas solo con apelar a la comunicación. Incluso, el silencio de los políticos también tiene impacto social sobre la realidad política en temas como la economía o la salud. Para disgusto de los políticos que debieron ser ellos en poner la agenda pública, esos silencios a menudo son llenados por otros actores ya sean de oposición o la propia mediación del sistema de medios.

Es muy probable que Pedro Castillo será proclamado, en los próximos días, como nuevo mandatario. No obstante, los silencios que administra el próximo presidente genera más incertidumbre en la economía peruana.

En Perú, después de muchos años aparece el fantasma inflacionario de la economía. El tipo de cambio del dólar y los precios de los combustibles comenzaron a subir desde hace varias semanas, y la consecuencia directa es el incremento de los productos de primera necesidad como el precio del pollo y el aceite. 

Con la posibilidad de tener una tercera ola del Covid-19, y un proceso de inflación de la economía me parece que será muy difícil contentar a las familias peruanas, al sector empresarial, y a los políticos que perdieron la elección. No puedes tener en contra a Dios y al diablo al mismo tiempo. Se tendrá un parlamento igual o más fragmentado que el anterior y con ello la posibilidad de generar consensos políticos serán muy difíciles de lograr.

Cuando un político cree que puede sostener por sí solo a la política a menudo se equivoca, y las consecuencias son funestas. De alguna manera, los silencios que administra bajo su lógica que funcionó en campaña electoral no resultará en la etapa de gobierno porque son otros los objetivos políticos y por ende de comunicación. El contexto direcciona la política y, si eso ocurre, esperamos que no nos acerquemos a un punto de quiebre democrático debido a la erosión del sistema político.  

Domingo, 18 de julio del 2021
Diario Correo – Huancayo