Política y poder son dos variables que tienen una fuerte correlación. Los políticos se resisten a dejar fácilmente el poder, aunque ese atrevimiento les resulte caro a su libertad o a sus propias vidas. A muy pocos les va bien en una segunda oportunidad, casi a la mayoría que lo intenta termina en desgracia política o dejan el cargo sin pena ni gloria. No podemos generalizar, pero la historia los deja en evidencia los hechos.

Alan García, volvió a gobernar pero su intento lo llevó al suicidio por la presión de posteriores acusaciones aunque él suponía persecución política. Luis Castañeda también logró volver a ser alcalde de Lima, pero aún tiene que responder a la justicia. ¿Cuál será el desenlace? ¿Le irá igual que a Susana Villarán?

A Keiko Fujimori, no le bastó la experiencia vivida con su padre y su familia para retener el poder político. Ella está en prisión, todavía no tiene juicio pero la medida preventiva la retiene e impide ensimismarse en la sensualidad del poder. Alejandro Toledo, prófugo. Ollanta Humala y su esposa deben estar maldiciendo su aventura política. PPK pudo estar, disfrutando de su fortuna pero prefirió ingresar a política.

Y bueno, fiel a su estilo, Ángel Unchupaico, ex gobernador de Junín, reapareció en público. Culpa de todos los males a su sucesor. ¿Pero si todo estuvo bien durante su gestión, porqué todo parecía estar mal? Recuperar la credibilidad es muy difícil, de ahí que la comunicación de gobierno se vuelve infinita. No termina cuando se deja de gobernar.

Domingo, 14 de julio de 2019