Aún nos queda en el recuerdo que en julio de 1990 el ex presidente, Alan García Pérez, fue vergonzosamente impedido de dar inicio a su discurso de despedida. Diversas bancadas, ajenas a su partido, con gritos y carpetazos protagonizaron un bochornoso incidente ante la presencia de otros presidentes e invitados diplomáticos en la asunción de mando de Alberto Fujimori. Miles de peruanos vieron por televisión lo que mejor sabían hacer hasta ese entonces algunos padres de la patria.

Y para pesar de ellos, ya Fujimori en el poder se encargó de cerrar el Congreso y con ello cambió las reglas de juego. Algunos, sobrevivieron a la hecatombe parlamentaria pero otros nunca más volvieron. Nuestro país necesitaba mucho más que rabietas en el hemiciclo para ganar titulares de prensa. Necesitaba decisión y tal parece que con el juicio de la historia, Fujimori lo consiguió. Al César lo que es del César y a Dios los que es de Dios.

En política, los electores son los que pasan la factura. Por eso, al ver en la asunción de mando de Pedro Pablo Kuczynski a los congresistas del “Neo Fujimorismo” abstenerse y no aplaudir por respeto, refleja una muestra de intransigencia y estoy seguro, no les servirá de mucho (no lanzaron frases de acrimonia y creo que ganas no les faltaba). El pueblo estará atento.

Bienvenida a la nueva era peruana, tenemos un presidente constitucional con rasgos físicos algo diferente a los peruanos, pero como dijo el revolucionario político chino, Deng Xiaoping; “no importa el color del gato, mientras pueda cazar ratones”.

Domingo, 31 de julio de 2016