Desde que apareció el primer audio (07- 07-18) que desnuda la podredumbre del sistema de justicia peruano, y la manera aunque no generalizadora en como jueces y fiscales sirven de bisagra para corromper las entrañas de la sociedad, quebrantándola para intereses particulares. Son diferentes colectivos civiles que se organizaron para movilizar a cientos y tal vez miles, pero no millones.

En algunas regiones fueron más contundentes que en otras. No obstante, muchos se preguntan por qué la indignación no se hace más extensiva. Porqué a pesar de lo que se escucha en algunos audios sobre tráfico de influencia, la población no interioriza ese malestar y la convierte en una suerte de movilización como la “toma de la bastilla” en contra de las instituciones que dicen administrar justicia.

¿A caso no les importa a los peruanos lo que se hace a sus espaldas con la justicia? ¿Será que todavía esperamos que la injusticia toque nuestra puerta? ¿Será que aún no nos tocamos con un juez que dicte sentencia en nuestra contra?

Una de las explicaciones que podría ser la causa de la falta de indignación es que la mayoría de peruanos ya no dependen directamente de un Estado paternalista. La población, aprendió a formar parte de una economía privada y emprendedora. Si hoy no trabajan, mañana no comen. Muy diferente es lo que ocurre en Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia o Brasil en donde aún el Estado tiene una fuerte presencia en los hogares y si se toca su metro cuadrado, le salen directo al cuello a los responsables.

Domingo, 29 de julio de 2018
Diario Correo – Huancayo