Participar en política en nuestra realidad es como abrir el cerrojo de una puerta para ingresar y caminar en un terreno pantanoso. Aparentemente, todo el que ingresa sí o sí terminará manchado por el fango. Sin embargo, en toda esa búsqueda de la tierra prometida, son las derrotas electorales que ponen a prueba la entereza de un político para cuajarlo o desilusionar al aventurero circunstancial.

En México, Andrés López Obrador (AMLO) postula por tercera vez a la presidencia del país del Chavo del Ocho. Su carrera política comenzó en 1988 con diversas manifestaciones en contra del statu quo político. Recién en el año 2000 logró ser elegido Jefe de Gobierno del Distrito Federal. En el 2006, con el respaldo de más del 80% como gobernante, decide ser candidato presidencial. Pero esa descomunal aceptación popular no le sirvió para obtener el triunfo que fue ganado por Felipe Calderón del Partido de Acción Nacional. AMLO rechazó la derrota y acusó de fraude electoral. El 2012 vuelve a postular y pierde al enfrentarse a Peña Nieto del Partido Revolucionario Institucional. En el 2018, vuelve a postular a la presidencia, pero ahora las cosas son diferentes. Los mexicanos están decepcionados del PAN y el PRI. AMLO, lidera la intención de voto en casi todas las encuestas para este 1 de julio.

Nada le fue fácil. AMLO, tuvo que hacer algunas concesiones sobre posiciones ideológicas y moderar su discurso. Primero; abandonó al PRD partido de izquierda que lo acogió al inicio de su carrera. Segundo; formó su propio movimiento MORENA. Tercero; conformó un frente con el Partido de los Trabajadores y el Partido Encuentro Social.

Domingo, 15 de abril de 2018
Diario Correo – Huancayo