Creo que sería una buena sugerencia leer y releer, “La vida es sueño” de Calderón de la Barca. Especialmente, para aquellos que osan con desafiar al destino y deciden ingresar al tenebroso terreno de la política. Sí, ese espacio que transforma actitudes y voluntades. Esa masa subjetiva, sin rostro, sin alma que confunde lealtades con complicidad.

Como en la obra; en donde el príncipe, Segismundo vivía encarcelado en una torre, ignorando toda culpa de su desdicha. La superstición de su padre diría que algún día llegaría un hijo para convertirse en rey y que luego él mismo daría muerte al padre.

Su padre, el rey Basilio ordena liberar a su hijo para desafiar al destino y ponerlo a prueba. Pero, Segismundo ya convertido en rey, ordena matar a quien lo cuidó y educó. Se vuelve déspota y lanza a un criado por la ventana. Se convierte en un peligro para todos. Finalmente, las predicciones resultaron ciertas. Es así, que el rey decide volverlo a encerrar.

La política acaba de demostrar su alto voltaje. Es una relación de gravedad política, donde todo lo que sube tiene que bajar. Con todo esto, habrá valido la pena el camino político de Vladimir Cerrón y Henry López para ser centro de atención en la opinión pública. Sobre todo, porque en siete meses, juramentaron como gobernantes; brindaron y festejaron, pero ahora tienen que huir de la justicia. “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

Domingo, 11 de agosto de 2019