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Al ver en entrevista televisiva en el programa de Jaime Bayly a Delia Fiallo, aquella escritora cubana de telenovelas de 92 años, la misma, quien sin ningún estupor reconoce su simpatía por Donald Trump, y que también considera que sus pares inmigrantes latinos deberían volver a sus países de origen para que peleen por sus derechos y cambien su situación de vida, comprendo varias conjeturas. Entre ellas, la curiosa solidaridad que comprenden algunos latinos. ¿Qué fácil se habla del otro, cuando uno ya no es ilegal?

En mi opinión, no es que las encuestas se equivocaron. Donald Trump, como es característica de la mayoría de empresarios exitosos, supo tomar decisiones en su momento e impuso un personaje “pintoresco” que permitió comunicar su mensaje en el centro de la opinión pública. Identifico muy bien los miedos de la gran mayoría de norteamericanos.

Las cifras estaban ahí. Más del 83% de los norteamericanos querían un cambio porque consideraban que sus vidas no tenían mejora, otro aspecto relevante es que más del 69% considera que su país no va bien y que alguien les quitaba el trabajo (lo curioso es que Obama tiene un 54% de aprobación). Era claro, Hillary Clinton no representaba el cambio como Barack Obama en su momento.

Sin embargo, Hillary Clinton por el número de electores ganó por más de 200 mil votos, pero por lo complejo que es el sistema electoral norteamericano no terminó siendo ungida presidenta. Identificar miedos y estructurar mensajes para comunicarse con el público objetivo es la lección que nos deja esta campaña electoral. Dicho sea de paso, no será el fin del mundo.

Domingo, 13 de noviembre de 2016