No pasó ni más de una semana del mensaje de unión y solidaridad que dejó en su visita el Papa Francisco para que en nuestro país revivan los enconos, el odio, resentimientos, venganzas y demás conjeturas contra todo lo que no nos parece bien desde nuestra óptica. En fin, somos humanos con sentimientos a veces de innoble sensatez que tarde o temprano expresa lo que a temprana edad nos inculcaron.

Venezuela, es un país hermano con más de 30 millones de habitantes que atraviesan por una de sus peores crisis políticas y cuyas consecuencias económicas son atroces producto de la dictadura canallesca del Post Chavismo. Miles de venezolanos abandonan diariamente su patria, tal como en su momento los peruanos también se vieron obligados a dejar a sus familias para buscar nuevos destinos.

No pretendamos que en estos tiempos se exacerben ánimos de xenofobia de cualquier naturaleza. Gracias a Dios, el mundo ya se va curando de ese tipo de actitudes raciales. A caso se olvida lo que ocurrió en la Alemania Nazi en contra de los judíos que dio inicio a la segunda guerra mundial. Y algo más reciente, el genocidio racial que sucedió en Ruanda en la década de los noventa.

Los políticos y medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad de equilibrio para guardar la paz social. Tanto en Alemania y Ruanda ambos actores (políticos y medios de comunicación) jugaron un rol preponderante que luego avergonzó al mundo por los millones de víctimas humanas que ocasionó la discriminación racial. Seamos tolerantes, #Venezuelasomostodos.

Domingo, 28 de enero de 2018