El ex presidente, Alberto Fujimori, disolvió el Congreso de la República en abril de 1992 el cual estaba constituido por dos Cámaras; Diputados y Senadores. El argumento político fue que el parlamento obstaculizaba la conducción de un gobierno al frente de un Estado que se encontraba en un hoyo de inflación económica y terrorismo demencial.

En ese entonces, se requería hacer algunas reformas constitucionales como el cambio de modelo económico y del sistema judicial, que según la constitución de 1979 no estaba a la altura de las circunstancias económicas, políticas y sociales que los tiempos exigían. Por lo menos, esa fue la artillería política del fujimorismo de los años 90. Posteriormente, se eligió a un Congreso Constituyente Democrático que redactó una nueva carta magna.

La población respaldó tal decisión política, porque percibían un Estado ineficiente, burocrático y corrupto. ¡Aún arrastramos cadenas! Conseguir una línea de teléfono era casi imposible, poca o nula inversión privada en sectores económicos para dinamizar la economía y reducir la carga laboral de un Estado lleno de burócratas.

El Perú, por ahora no es un país del primer mundo que integre el club de los 37 países más ricos del mundo (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos – OCDE), pero a diferencia de vecinos (Argentina, Venezuela y Ecuador) no atravesamos una descomunal crisis económica con consecuencias dramáticas en lo político y social. No todo estuvo mal. ¿Por qué necesitamos volver a las dos Cámaras? ¿Tendremos un Estado más eficaz y eficiente?

Domingo, 23 de de setiembre de 2018
Diario Correo – Huancayo