Lo que el analista político, Moisés Naím describe en su libro “El fin del poder”, es el hecho de que el poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de utilizar y más fácil del perder. Tal argumento, fácilmente se circunscribirse a la realidad política peruana.

Y es que después de la irrupción política de Fujimori en la década del 90, la sucesión del poder político deja algunas consecuencias. Alejandro Toledo, sin la preocupación de formar un sólido partido, se colocó una vincha para alcanzar la presidencia. Keiko, PPK y Acuña no necesitan de ideología, doctrina y mucho menos tradición histórica para estar en política. Lo propio sucedió con Ollanta Humala que no necesitó de un histórico partido para llegar a palacio. El tema es, que ya en el gobierno muestran evidencia de cuán difícil es gobernar.

Al parecer, los políticos (APRA, Acción Popular, PPC y lo que queda de la izquierda) no comprenden de qué manera está compuesta la nueva estructura social del Perú. Siendo así, el poder es cada vez más difícil de retener, sus paredes de autoprotección se debilitan rápidamente, emergen nuevos “micropoderes”, y el desarrollo de las tecnologías de información agobia su accionar.

A modo de conclusión, creo que los partidos políticos, hoy más que nunca necesitan impulsar una auténtica reforma electoral, que pase por transparentar sus fondos, elecciones primarias libres y fiscalización electoral. De no producirse tales reformas, el vaticinio de infortunio se daría, tal como lo sugieren a propósito de la pugna interna en el PPC, que se abre paso a una ruptura. Y la democracia necesita de los partidos políticos.

Domingo, 29 de noviembre de 2015