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Los tres partidos (Acción Popular, APRA y PPC), por llamarlos de alguna manera de merecida institucionalidad partidaria e histórica, han fracasado en su propósito de llegar a ser gobierno. Sin duda, no habrá una, sino varias noches de los cuchillos largos. A penas si obtuvieron algunos representantes para hacer algo de oposición en un parlamento que mayoritariamente tendrá el color naranja del fujimorismo (71 congresistas electos de 130). Cuidado, casi lo suficiente para hacer cambios constitucionales.

Renovación, cambio dirigencial o cambio de actores. Serán algunas exigencias desde sus ya reducidas bases militantes, pero sobre todo, no tendrán mucha importancia en una población que desde afuera es más pragmática en sus preferencias electorales, en tanto los políticos resuelvan sus problemas del día a día, su convicción ideológica, no importará mucho.

¿Será el fin de los partidos políticos? No lo creo, hace muchos años que vienen diciendo lo mismo quienes los derrotaron en las ánforas, pero más de uno que aseveró esa sentencia término apartado de la política.

Vivimos tiempos de política 2.0, donde hay más intercambio de ideas en redes sociales que en locales partidarios. Los partidos políticos son vital para toda democracia, pero necesitan recuperar su identidad ideológica y enrumbar una reingeniería institucional. Solo el cambio de actores, sin cambio de actitud y viejas prácticas políticas no garantizará absolutamente nada. Claro, si anhelan reencontrarse con su electorado. Por ello, están obligados a inventar su propio mañana y dejar de sufrir por sus fracasos del pasado.

Domingo, 17 de abril de 2016